ARTÍCULOS

Procastinar

Crónicas de un director de arte

(Del lat. procastinare).
1. tr. Diferir, aplazar.

Hace treinta años que mi trabajo es tener ideas y, a ciencia cierta, no estoy seguro si aún estoy capacitado para explicarle a mi madre de qué se trata mi trabajo. Desde mis veintiún años, cuando me preguntan de qué vivo, digo soy publicitario, a lo que le sigue siempre otra pregunta, pero ¿qué es lo que haces? Y ahí viene la respuesta que a veces me ruboriza: “soy creativo”. Siempre me llamó mucho la atención este rótulo. Decir “soy creativo” es lo mismo que decir “soy bello” o “soy inteligente”. Indudablemente, ésta es una gran creación de los publicitarios para definirse a sí mismos, y como todo en la publicidad, tiene un poco de verdad y otro poco de exageración.

Pero lo cierto es que aparentemente habría tipos que tienen buenas ideas más fácilmente que otros. Y esta introducción, un poco tirada de los pelos, me sirve para preguntarme si esto es así, ¿por qué se sufre tanto en un proceso creativo? ¿No es que somos elegidos? Seres tan especiales! La respuesta que se me ocurre es: por procrastinar. Por la procrastinación creativa. Es decir esa costumbre tan atormentada de esperar la inspiración perdiendo el tiempo de manera culposa.

Una de mis películas favoritas de los hermanos Coen, Barton Fink, relata con mucho absurdo y humor negro las peripecias de un escritor por encargo al que no se le ocurre la idea que tiene la obligación de entregar.

Hace unos meses escribí en mi muro en Facebook “Hoy me levanté a las 6 AM para poder procrastinar tranquilo”. Al día siguiente tenía que dar una charla en Colombia, por primera vez allí y frente un auditorio selecto, en una tarima en la que también se subirían ese mismo día, nada más y nada menos que Fernando Vega Olmos y David Droga. Mi exposición, que se trataba de mi tema favorito, Dirección de Arte, tenía un esquema definido desde el primer día que me había puesto a pensar en ella, sin embargo pasaban los días y las horas, y los imprevistos, y las excusas. Y la charla no se escribía. Llegó el día del viaje y pensé: la escribo allá, total tengo los temas en la cabeza y cinco días para darle forma, en un ambiente distinto. De paso veo de qué se trata el evento, así puedo ajustar algo a último momento y dedicado para la ocasión. La realidad es que un día antes, la charla aún no estaba escrita. El resultado, con un poco de soberbia, puedo decir que fue como lo esperaba: muy bueno. Entonces mi reflexión es, ¿Por qué se sufre al parir las ideas? ¿Por qué el tiempo de los procesos creativos se nos consume de manera tan angustiosa? En tantos años de trabajo, no tengo en mente una sola presentación importante a la que no se haya llegado justo y sobre la hora.
Yo creo que las razones para procrastinar son múltiples y variadas. La primera que se me ocurre es que los espíritus perfeccionistas ocupan todo el tiempo disponible en revisar una y otra vez las ideas, buscando esos detalles en los que está Dios (citando a Mies Van Der Rohe). Otra razón es que la adrenalina es un elemento determinante en la creación. No existe placer creativo sin riesgo ni desafío. El peligro de no llegar, las correcciones sobre las correcciones, el vértigo y el factor sorpresa son móviles indiscutibles para todo creativo de raza. La seguridad y la inseguridad en nosotros mismos, esa batalla permanente. El ego, nuestra competencia por ser los mejores, el temor a no gustar. Y hay muchas más todavía, pero de las razones concretas, éstas son las más repetidas.

De las no concretas, como la inspiración, el estado de ánimo, el entorno, etcétera, hoy las neurociencias pueden escribir varios tomos sobre ellas, pero yo no encuentro en ellos otras explicaciones que describan lo que ya conocemos mejor por la vía experimental.
En tal caso, todas estas razones no hacen más que alargar el tiempo de incertidumbre durante el proceso de creación y entonces hay que aprender a dominarlas o a trabajar con ellas.
Cada creativo tiene su propio método de procrastinación y resulta difícil enumerarlos. Más aún, algunos resultan incluso impropios de mencionar. Los míos personales consisten en un método intuitivo de ocupación de la mente con diversos temas al mismo tiempo, la mayoría de ellos aparentemente inconexos y alejados del objetivo. A menudo tanto, que la vida comienza a seguir su curso y el problema pasa a un segundo plano, casi al olvido. Sin embargo la mente sigue funcionando sola y en la oscuridad, como de incógnito, hasta que en el momento preciso, que por cierto es muy posterior a lo deseado, llega esa sacudida luminosa, el momento eureka. Mientras tanto, la angustia es la que me va avisando del paso del tiempo y encendiendo los alertas. La angustia, personalmente, nunca me ha paralizado y por el contrario, creo que en mi caso es un fuerte motor de arranque. A veces pienso que es necesario llegar a ella para ahí, apenas comenzar.

Esteban Martucci