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Balada Para un Festival de Locos

Esteban Martucci


Las tardecitas de Cannes tienen ese ¿qué sé yo…viste? Así comenzaría esta nota Horacio Ferrer si en lugar de ser el poeta de Piazzolla hubiera sido un afamado creativo publicitario. Uno de esos que, decorados por la parafernalia festivalera, pasan a ser parte de esta especie de jet set del pueblo, al obtener un pasaje al festival de creatividad más codiciado del mundo: El Cannes Lions Festival.

Este primer párrafo, de redacción retorcida, encierra el sentimiento contradictorio que tengo por todos los festivales publicitarios y el Awards System. Y en especial por éste, que es realmente maravilloso por donde se lo mire: la locación, el momento, la gente, el ambiente, el lujo accesible, la información a disposición, la sensualidad, los suspiros, las noches de rumba. Es el mejor lugar que existe -sin dudas- para pasar una semana al año, si sos parte interesada de esta industria. Pero por otro lado, el hecho de preguntarme si es que realmente esta semana de alegrías y placer, alcanza para sostener el destino de una industria en colapso, del que seguramente mucha responsabilidad tienen también, los propios festivales.

Por suerte Cannes siempre paga con creces el dinero que se invierte para llegar hasta él, y mucho más si uno llega consciente de que es un lugar al que hay que ir a trabajar y no solamente a cobrarse un premio por nuestro trabajo de todo el año. Con esto también quiero decir que este festival no sólo vale por los premios que otorga (que cada vez son más y ya no es tan difícil recibirlos), sino por lo que uno tiene la obligación de traerse de él, más allá de los premios. Citando a Fernando Vega Olmos, mi primer Selfinterviewed, él dice generosamente que todos los buenos negocios que ha hecho en su vida, los ha hecho en Cannes. Y yo creo que escuchar eso, de propia voz de Fernando, con una cerveza en la mano y con la brisa de la Costa Azul en el rostro, es mucho más que una anécdota. Es un aviso claro y directo de que estás allí por algo. Así que terminá tu cerveza, y ponete a trabajar en eso.

En los primeros Cannes, (no los cuento, pero creo que son 12 ó 14), iba para ver las piezas, después fui para ver las conferencias (esto ya es pasado pues, todo eso ahora se puede ver en internet). Luego para hacer networking. Y por último me di cuenta de que lo más importante de Cannes es ir para aprender de las personas que van a Cannes. Lo que encontramos afuera de la exposición propiamente dicha. Es decir, en los espacios de tránsito del Palais, en la calle, en la playa, en el Carlton o en el Martinez. Ese es el estado superior del Cannes Lions Festival. El día que me di cuenta de esto, decidí hacer Selfinterview y ser el primero que lo registre.

Toda la oferta de Cannes es interesante. Y se siente el esfuerzo empeñado en que cada vez lo sea más. Sin embargo, lo más importante, es el contacto que conseguimos allí con las ideas de los otros. De repente, y volviendo a Vega Olmos, lo escuchás decir que Man Boobs le resulta la pieza más relevante que ha visto en muchos años, y además explica porqué. A mí, eso me resulta mucho más relevante incluso que Man Boobs misma.

Cannes produce gran parte del mainstream de nuestra industria. Lo que vemos allí en junio, muy pronto, nosotros mismos lo convertiremos en cliché. Frases que comenzamos a repetir, ideas que comienzan a reiterarse una y otra vez en nuestra mente y que son nuestro material de trabajo hasta que se convierten en nuestras propias ideas cuando logramos dominar estos nuevos conceptos. Así aggiornamos nuestra data, damos lugar a nuevos recursos y volvemos, como dice otro tango, con el mate lleno de infelices ilusiones.